El gran negocio colonial

Buena parte de la riqueza de aquella burguesía catalana que invirtió en infraestructuras, fundó bancos y empresas, levantó edificios e impulsó instituciones culturales, provenía de la explotación de mano de obra esclavizada en las colonias —especialmente en Cuba y Puerto Rico— o bien, directamente, del tráfico de personas entre África y las colonias americanas.

Fijémonos, por ejemplo, en todos aquellos edificios levantados en Barcelona en aquel momento: ahora sabemos que parte del capital invertido tenía ese origen. Explorad esta Barcelona y descubrid este legado.

Entre los siglos XVI y XIX, más de 12,5 millones de personas fueron raptadas en África y embarcadas por la fuerza hacia las colonias americanas. Todas las potencias coloniales participaron. En el año 1789, el rey Carlos IV autorizó a todos los súbditos españoles, así como a comerciantes de cualquier nacionalidad, a participar en el comercio de esclavos con las colonias españolas de América. A partir de entonces, centenares de comerciantes y navegantes vascos, cántabros, catalanes y, en general, de cualquier lugar de la España peninsular o de los archipiélagos balear o canario, se incorporaron a este negocio tan lucrativo, que desde hacía siglos se practicaba desde los principales puertos europeos.

En las colonias españolas, el tráfico de personas fue legal hasta 1820. A partir de 1821, esta práctica quedó prohibida, pero el uso de mano de obra esclavizada continuó siendo legal. A pesar de la prohibición, el tráfico de personas persistió gracias a la red de intereses y corrupción entre el mundo de los negocios y las autoridades coloniales, que miraban hacia otro lado.

Es muy difícil establecer cuántos catalanes participaron en aquel comercio indigno, porque el tráfico de personas siempre fue una actividad transnacional y opaca. Las investigaciones actuales indican que las embarcaciones con bandera española llevaron hasta América cerca de un millón de personas que acabarían siendo esclavizadas.

Conocemos a algunos capitanes catalanes que llevaron barcos negreros hasta América: Josep Carbó, de Sant Feliu de Guíxols; Agustí Conill Sala, de Lloret; Esteve Gatell Roig, de Torredembarra; Joan y Pere Mas Roig, de Vilassar de Mar; Josep Mataró Domènech, de Lloret; Jaume Tintó Miralles, de Barcelona; Miquel Oliver Moll, Gaspar Roig Llenas y Eugeni Viñes Castellets.

Entre los armadores catalanes que organizaron expediciones de tráfico de personas estaban: Josep Canela Raventós, Marià Flaquer, Pere Gil Babot, Isidre Inglada, Josep Pie Parellada, Salvador Samà, Jaume Tintó Miralles, Jaume Torrents Serramalera, Josep Antoni Vidal Pasqual y Jaume Vilardebó.

Pere Gil Babot

Pere Gil i Babot

(Tarragona, 1783 – Barcelona, ​​1853) fue comerciante, empresario, banquero, mecenas y coleccionista de arte, diputado en el Congreso durante varias legislaturas y fundador de la Sociedad Catalana para el Alumbrado por Gas (SCAG). Participó en diversos negocios incluyendo la exportación de vinos y aguardientes, la importación de azúcar, algodón y cacao, el tráfico de personas esclavizadas, el transporte ocasional de soldados y pasajeros entre España y América, y la actividad corsaria, ya que tenía patente de corso para capturar barcos enemigos.

Retrato pintado por Vicente Rodes y Aries (Alicante, 1783 – Barcelona, ​​1858), perteneciente a las colecciones del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).

Salvador Samà i Martí

Salvador Samà i Martí

(Vilanova i la Geltrú, 1797 – La Habana, 1866) llegó a Cuba en 1810 para incorporarse al negocio familiar de sus tíos Pau y Josep Samà i Parès. Reunió una gran fortuna practicando el tráfico de personas esclavizadas, al tiempo que conseguía una elevada posición en la escala social: llegó a ocupar el cargo de alcalde de La Habana, fue nombrado senador del Reino y en 1860, Isabel II le otorgó el título de marqués de Marianao, como recompensa.

Retrato póstumo obra de Josep Margalef Palacín (Huesca, 1900- Barcelona, ​​1985). MMB

Jaume Torrents i Serramalera

Jaume Torrents i Serramalera

(Moià, 1796 – Barcelona, ​​1854) fue empresario y armador, afincado en Cuba desde muy joven. Reunió una flota de al menos ocho veleros, algunos de los cuales participaron en el tráfico de personas esclavizadas, como es el caso de las fragatas Diógenes y La Primera de Cataluña, y el bergantín Emprendedor, barcos de los cuales tenemos documentadas expediciones entre 1828 y 1837. De regreso a Barcelona en 1838 se instaló en el palacete que en la actualidad es la sede del Ateneo Barcelonés, y continuó dirigiendo su flota dedicada al comercio en la ruta del tasajo, mientras realizaba importantes inversiones en infraestructuras como el ferrocarril de Barcelona – Mataró, inaugurado en 1848, y se manifestaba enconadamente a favor de la esclavitud.

Retrato póstumo obra de Pedro Borrell del Caso (Puigcerdá, 1835 – Barcelona,1910). MMB

Personas trabajando en las plantaciones

Fragata La Primera de Cataluña

Construida en San Francisco (EE. UU.) y matriculada en La Habana en 1846, fue inscrita en el Registro Marítimo de Barcelona como propiedad de Jaume Torrents Serramalera en 1849. Naufragó en Cayo Verde (Cuba) el 9 de enero de 1855.

Óleo sobre lienzo de James Guy Evans, ca. 1849-1855.

MMB

Personas trabajando en las plantaciones

Fragata Buenaventura, Capitán Jaime Isern.

Construida en Mataró por el carpintero de ribera Francisco Segarra, fue inscrita en el Registro Marítimo de Barcelona en 1865 como propiedad de D. Salvador Samà, del comercio de La Habana. En 1867 fue vendida a la firma Samà, Sotolongo y Cª.

Óleo sobre lienzo de James Guy Evans, s.f. (sin fecha).

MMB

Personas trabajando en las plantaciones

Fragata Paquita, Capitán F. Sust y […]

Inscrita en el Registro Marítimo de Barcelona, era propiedad de la firma Samà, Sotolongo y Cª y fue vendida a otra naviera en 1867.

Óleo sobre lienzo de Edward Everard Arnold, 1859.

MMB

Personas trabajando en las plantaciones
Bergantín Julito, su capitán Francisco Colomé.

Construido en Blanes en 1848, era propiedad de Samà Hermanos, del comercio de La Habana, según consta en la lista primera de buques de La Habana. En 1883 fue vendido a Samà, Sotolongo y Cª. El 23 de junio de 1879 consta como aparejado de bergantín-goleta. Fue desguazado en Villajoyosa en 1886.

Óleo sobre lienzo de James Guy Evans, ca. 1847–1859.